CRISIS DEL CORONAVIRUS

España inicia la remontada con tierra, ladrillo y cañas

Construcción, agricultura y hostelería son los sectores que más contribuyeron a que la afiliación aumentase en mayo en 187.814 personas. La pérdida de personas afiliadas desde la declaración del estado de alarma es aún de 675.108 a pesar del enorme colchón de los ERTE

Variación diaria de la afiliación a la Seguridad Social en 2020. Diferencia de la afiliación respecto al día anterior / Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones y elaboración propia

ANA TUDELA Y ANTONIO DELGADO

2 DE JUNIO DE 2020 14:30H

España va saliendo de la parálisis que impuso el estado de alarma y lo hace por el momento enganchada a los pilares en los que ha basado un alto porcentaje de su economía durante décadas: la construcción y la hostelería, a pesar de la incertidumbre que rodea aún al sector turístico. En mayo se creó empleo neto y los principales motores son claros. Según el avance en las fases de la desescalada ha ido quitando el precinto primero a las terrazas de los bares y restaurantes (fase 1) y después a las mesas en el interior de los locales (fase 2), y ha ido permitiendo obras en edificios, primero vacíos y después incluso si están ocupados, han mejorado las cifras de afiliación a la Seguridad Social. Junto a ellos, entre los que más empleo ha aportado está el sector que ha mantenido el abastecimiento de la población antes, durante y en el proceso de desescalada del estado de alarma: la agricultura.

Hay 187.814 afiliados más a cierre de mayo respecto al inicio del mes. La cifra de incremento de la afiliación neta de mayo contrasta con el derrumbe de 833.979 afiliados y afiliadas netos entre principios y finales de marzo, el mes en que se estableció el estado de alarma, y la caída de 49.974 en la afiliación neta entre principios y finales de abril.

Si se toma la afiliación media, dato que suele ser la referencia salvo en los últimos meses, en los que se ha tomado la diferencia entre el comienzo y el final de mes para calibrar mejor el efecto de la COVID-19, en mayo fue de 18.556.129, con una mejora de 97.462 afiliados y afiliadas, un 2,56% más que en abril.

Afiliación por sectores de actividad en el Régimen General

Por sectores, en el Régimen General la afiliación media crece sobre todo por la construcción (+52.890) y la hostelería (+28.251). Si se mira fuera del Régimen General, se observa que el segundo sector en creación neta de empleo fue el agrícola, con un incremento de la afiliación media neta en mayo de 41.781 afiliados y afiliadas, un 5,58% más que en el mes anterior.

La otra cara la muestran los sectores de actividades sanitarias y de servicios sociales (-15.800) y la educación (-11.091).

En el régimen de autónomos, la evolución es paralela, con un incremento de 4.311 afiliados en el sector de la construcción y 1.647 en la hostelería, los dos que más aumentan en términos absolutos.

Las cifras muestran hasta qué punto la crisis sanitaria se ha traducido en una profunda crisis económica, con 675.108 afiliados menos desde el último día antes de que se declarase el estado de alarma hasta el cierre de mayo y 3.857.776 parados registrados, 611.729 más que a cierre de febrero.

La salida de la crisis ligada a sectores tan masculinizados como la construcción y la agricultura tiene su traducción desde el punto de vista del género. El incremento del paro registrado en 26.573 personas en mayo se debe al aumento del desempleo femenino, que creció en 39.878 personas mientras el desempleo masculino caía en 13.305.

UNA CRISIS PROFUNDA CON UN COLCHÓN HECHO DE ERTE

La pérdida de afiliación y el aumento del desempleo se contaría por varios millones de no ser por la fórmula de los expedientes temporales de empleo (ERTE), incentivada durante el estado de alarma con reducciones en las cotizaciones y cuya extensión se ha pactado para que puedan prolongarse una vez se levante dicho estado de alarma. A esta fórmula de los ERTE, que evitan la desvinculación de trabajadores y empresa, estaban acogidas a finales de mayo aún 2.998.970 personas.

Para calibrar el impacto de la crisis en los trabajadores por cuenta propia, a cierre de mayo tenían reconocida una prestación 1.429.117 autónomos, el 94,7% de los que la han solicitado. Entre las medidas económicas del Gobierno durante el estado de alarma ha estado la creación de una prestación por cese de actividad para autónomos que hayan visto interrumpida su actividad a consecuencia de la COVID-19 o a quienes les hubieran caído los ingresos más de un 75%. Cubre hasta el último día del mes en que acabe el estado de alarma y el tiempo transcurrido se considera cotizado. El cobro de la prestación no exigía haber cotizado el mínimo establecido y se habilitó una fórmula para autónomos que no tuvieran suscrita con su mutua la cobertura por cese de actividad.

CONTRATO EL LUNES, DESPIDO EL VIERNES

Con la economía saliendo de la parálisis con mascarilla y distancia era complicado que la nueva normalidad no se pareciese a la vieja en lo que a precariedad en el empleo se refiere. En un país acostumbrado a que un tercio de los contratos sean por un plazo inferior a una semana, a contratar los lunes, despedir los viernes, a las fuertes caídas de la afiliación a cierre de mes y ganancias netas en el siguiente día hábil, la recuperación de la actividad con el temor de un virus aún circulando entre la población ha devuelto un ritmo similar al conocido. Si abril se despedía con una pérdida de afiliación neta en su último día hábil de 103.888 trabajadores y trabajadoras, mayo llegaba con un aumento neto de 83.500 en su primer día hábil. Los lunes han vuelto a ser el día de mayor creación neta de empleo de la semana y los viernes, el día en que cae la afiliación.